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La gárgola - IV

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La gárgola - IV

Mensaje por SanctusDeiRequiem el Jue Ene 10, 2013 1:46 pm

Gente con cuchillos, antorchas, palos de madera... Iban a por mí, solo por odio a las gárgolas, especialmente por Roche.
- Alexander: ¿qué se supone que he hecho?
- Hombre: ¡ponerte de lado de una gárgola!
- Alexander: ¿qué demonios os han hecho?
- Mujer: hace ya mucho tiempo París fue atacado por siete gárgolas humanas, de la misma especie que esa tal Roche.
- Mujer 2: ¡mataron a mis hijos!
- Hombre 2: nos dejaron sin nada en absoluto.
- Hombre 3: ¡quemaban y destruían todo cuanto veían!
- Alexander: Roche no es así, no la conocéis.
- Hombre: esa sirena ya ha intentado seducirte, ¿ cómo puedes confiar en ella?
- Alexander: no ha sido por ella, yo he decidido enamorarme de ella. No le deis las culpas.
- Mujer: ¡miente!
- Mujer 3: ¡traidor!
- Hombre: ¡matadle!
El suelo tembló cuando una extraña presencia se precipitó y cayó ante mí. Era Roche, en su espléndida forma de gárgola: Roche-Goyle. Sus enormes alas de gárgola y sus orejas realmente daban miedo, pero seguía siendo ella, la gárgola de la que me enamoré.
- Hombre: ¡es Roche-Goyle!
- Roche-Goyle: ¡Buena observación, Pierre! ¿Qué necesidad tenéis de hacerle daño? Es a mí a quien buscáis.
- Alexander: Roche, no tienes porqué hacer esto.
- Roche-Goyle: para empezar: cuando tenga esta forma llámame Roche-Goyle. Y volviendo al tema, te debo una por lo del campanero.
- Alexander: Roche... gracias.
Roche-Goyle me sonrió antes de volver a dirigirse a la multitud enfurecida.
- Roche-Goyle: vais a cometer un gran error si le echáis las culpas a él... Unas culpas inútiles y hoy en día existentes, a decir verdad.
- Hombre: los de tu especie nos hicieron mucho más daño del que jamás podremos hacerte.
- Roche-Goyle: ¿y por qué es necesario dañarme, si yo no he hecho nada?
- Multitud: ...
- Roche-Goyle:
(susurrando) Alexander, vete a casa.
No perdí más tiempo. Me abrí camino entre la multitud y corrí.


- Archidiácono: Din tenía razón.
- Campanero: esa maldita gárgola... realmente no se que hace aquí. Roche tampoco pertenece a este lugar.
- Archidiácono: comprendo tu fobia a las gárgolas, pero no olvides que fue Roche quién te encontró hace 16 años, cuándo eras tan solo un huérfano. Ella te trajo aquí, se lo debes todo, jovencito.
- Campanero: la odio de todos modos.
En ese preciso instante, Roche en su forma humana estaba entrando por la puerta con expresión triste. Se acercó al Archidiácono y le contó lo ocurrido. Roche encontraba todo esto muy injusto, por ella y por mí.
- Roche: si no hubiese estado ahí, ya estaría muerto, y si por mi ha sido, es porque me odian por lo que pasó. No entiendo por qué la gente es tan rencorosa...
- Archidiácono: no todo el mundo está contra tuyo, Roche.
- Roche: lo sé, pero... El resto... ellos qué... ¿qué tienen en contra de los que son diferentes?
- Archidiácono: entiendo que creas que la sociedad de hoy en día es injusta, después de todos los años que llevas observando.
- Roche: 1415 exactamente, pero... Oh, por Dios, ¡no me quito a Alexander de la cabeza! ¡Casi matan a ese pobre chico! Había pensado que si un solo ser podía hacer frente a la multitud... yo...
- Archidiácono: sabes que tú sola no conseguirás nada.
- Roche: ¿qué debo hacer, entonces?
- Archidiácono: esperar.
- Roche: he esperado demasiado.
- Archidiácono: entonces tal vez haya alguien aquí que quiera ayudarte.
Roche observó a la gente que rezaba. Esos humanos la conocían, pero no deseaban hacerle daño, al igual que los demás. El Archidiácono tenía razón: no estaba sola, pero sabía que nadie de ellos jamás podría hacer nada, por miedo...
Roche decidió pedirle ayuda al único que podría hacer algo...
...Dios.

Roche:
(Poema: Cara Humana,
by Valery Tei)

Yo no sé si seré capaz,
de hacerte llegar mi mensaje al cielo,
no sé si entenderás,
que es lo que quiero,
lo que te estoy pidiendo.

Yo, la impura, la roca,
en ti espero, en mi frío ardor,
que bajo los muros de Notre Dame,
los heridos reciban amor.

Protege, mi Dios,
los malheridos de este mundo,
quema la miseria,
haz del lazo un nudo.

Todas las rocas,
¿en quién confiarán?
Si Dios no nos ayuda,
ya nadie lo hará.

No deseo nada,
ni gloria, ni bienes,
solo seguir,
pero sé demasiado de quienes,
no pueden siquiera vivir.

Mi cara humana,
no servirá,
mi corazón de roca,
¿a quién congelará?

Pido compasión,
y pido perdón,
porque también mis gentes,
son hijos de Dios...


Había estado ahí desde el principio. Había entrado por la puerta trasera sin ser visto, y pude oír el hermoso poema de Roche, y supe que ella no era malvada como muchos creían. La sorprendí cuando puse mi mano sobre su hombro, detrás de ella. Roche dio media vuelta, me miró con ojos llorosos y me abrazó.
No se si eso fue un sueño, pero si lo hubiese sido, no me hubiese querido despertar nunca.
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SanctusDeiRequiem
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