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La gárgola - V

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La gárgola - V

Mensaje por SanctusDeiRequiem el Vie Ene 11, 2013 4:37 pm

No vi a Roche durante varias semanas. Iba a Notre Dame muy a menudo para ver si, con suerte, Roche se había pasado por ahí. Realmente empecé a temer que se hubiese ido de París, o que la hubiesen roto, después de que alguien con mala idea nos hubiese visto abrazados en Notre Dame...
...una sensación tan próxima y a la vez tan lejana...
La gente de París me miraba con miedo y desprecio. Yo mismo me sentía como un monstruo por amar a Roche... lo cual era extraño, pues estaba siendo influenciado por un sentimiento de rencor presente en las miradas de los habitantes de París. Incluso mi hermana no era la misma conmigo, pues ya nunca me preguntaba para trabajar o ayudarle.
Pero Roche... ¿dónde estás, mi bella gárgola?


De noche subí al campanario de Notre Dame, y encontré al Archidiácono ante Din, la gárgola adivina, que predice el futuro y lee la mente.
Archidiácono: ¿buscas a Roche?
Alexander: ¿sabe algo de ella?
Archidiácono: no, y eso me preocupa...
Lancé una mirada larga y profunda a Din, con la esperanza de que su mente de piedra estuviese conectada con la de Roche... aunque sabía que, si aun así fuese, nunca podría saberlo.
Archidiácono: tal vez Din sepa algo. Roche siempre estuvo muy unida a ella...
Alexander: ¿como conoció a Roche?
Archidiácono: un día observé una nueva gárgola de aspecto humano en un cimiento del campanario que hasta entonces pensaba que estaba vacío. Pensé que, tal vez no la había visto antes, pero que siempre había estado ahí... De todos modos, se me hacía muy extraño que tan solo estuviese ahí durante el día, hasta que, un invierno a las siete de la tarde, vi como esa gárgola cobraba vida. La dejé vivir aquí, pues era el único sitio dónde podría estar segura, sin ser vista por un humano.
Alexander: ¿y qué hay de Din?
Archidiácono: de ella no sé nada... Ha estado siempre aquí.
Alexander: su aspecto es extraño, no es como el de Roche...
Ciertamente, era extraña. Din tenía un solo ojo al descubierto, ya que el otro estaba tapado por un parche, y al igual que Roche y el resto de las gárgolas, su mirada era profunda y su ojo visible tenia una forma un tanto decaída. Su pelo era largo y ondulado, y no llevaba ropa victoriana; llevaba un abrigo largo que, si hubiese sido real, tal vez habría sido de cuero. Sus orejas eran como las de Roche, pero sus alas eran más pequeñas y parecían más desgastadas. Sus uñas, además, no eran tan largas como las de la desaparecida gárgola.
Archidiácono: Din lo sabe todo, eso me dijo Roche; conoce el pasado, el presente y el futuro de todos y cada uno de nosotros. Tal vez, si te concentras como lo haría una gárgola pueda cobrar vida en tu mente.
Y entonces, el Archidiácono bajó por las escaleras y se fue. Me quedé solo, a excepción de todas aquellas gárgolas, Din entre ellas. Intenté concentrarme al máximo para alcanzar su sabiduría. Cerré mis ojos...
Alexander: mi nombre es Alexander Roux... pero creo que ya lo sabías. He oído demasiado sobre tu eterna sabiduría, y he podido comprobar que es cierta, pues hasta hace poco creía que yo era el único que sabía lo que sentía por Roche... hasta que me leíste la mente y se lo contaste todo... He oído también que tu relación con Roche sobrepasa la amistad, hasta el punto de consideraros familia. Te lo ruego, oh sabia gárgola: dime, por favor, dónde puedo encontrar a Roche.
Nada en absoluto. No obtuve respuesta alguna. Abrí los ojos de nuevo y miré a Din, que parecía estas mirándome. De pronto, Din bajó de su cimiento sin quitarme a mirada de encima. Cobró vida, y su pelo se volvió rojo como la sangre, y sus ojos amarillentos con la pupila roja. Su piel era más blanca que la de Roche, a causa de la falta de luz más excesiva que la de la gárgola de pelo negro.
Din: Roche ya no reside en Notre Dame; Roche ya no reside en París; Roche ya no reside en Francia...
Alexander: ¿dónde puedo encontrarla?
Din: necesitas verla de inmediato... Apenas la conoces y ya quieres que forme parte de tu vida... Es típico, no solo de Roche, sino de todas las gárgolas, llenar la cabeza de los humanos con deseos impuros que jamás podrán cumplirse, pero tú... ¡tú esperas estar con Roche para siempre! Realmente tienes coraje, joven Alexander... me has impresionado, y seguro que Roche también se habría quedado “petrificada”...
Alexander: no has respondido a mi pregunta, Din...
Din: ni lo voy a hacer, pues no sabes lo que te espera en ese lugar...
Alexander: ¡correré el riesgo! ¡Amo a Roche, y quiero volverla a ver, aunque sea tan solo por una vez!
Din dio un paso hacia atrás y me miró con una expresión de sorpresa, lástima y admiración. Entoncés, sonrió, mostrando un rostro tierno, pero duro como la roca con la que había estado construída...
Din: admiro tu valor, voy a ayudarte, solo por esta vez...
Din se sacó el parche y dejó al descubierto un ojo que parecía de cristal: del color del platino y brillante como la Luna llena, ese era el Ojo de la Clarividencia.
Din: veo a Roche andando por una iglesia con gárgolas, aunque no tan imponentes como las de Notre Dame... Veo los suelos adoquinados y los altos edificios de esta hermosa y a la vez horrenda ciudad...
Alexander: ¿dónde está?
Din: parece que nuestra querida Roche, ha volado hasta Praga, en Checoslovaquia.
¿Qué podía hacer? Realmente estaba lejos de ella, pero no podía rendirme. Estaba dispuesto a llegar hasta ella, aunque tuviese que ir a pie, aunque mis pies se derritiesen, aunque mi respiración de cortara... ¡Necesitaba volver a verla!
Alexander: gracias Din, de verdad te lo agradezco... Iré a Praga y le diré a Roche lo que siento por ella.
Din: haz lo que creas.
Y entonces me fui. Pocas horas después, mi largo viaje hacia Praga, ya había empezado.


Soldado 1: he recibido noticias de que Alexander Roux, quién está enamorado de la gárgola Roche, ha huido de la ciudad.
Soldado 2: no se preocupe, tenemos nuestros recursos para seguir su rastro.
Un tercer soldado entró por la puerta del Palacio de Justícia, y tras él, estaba el juez Claud Ger, rodeado de guardianes que le cubrían las espaldas.
Soldado 3: señores, ante ustedes, el Juez Claud Ger.
Claud se sentó en la mesa de la Sala de Juicio con una mirada hierática. Mandó a los soldados y a los guardias que tomasen asiento, y entonces habló del tema...
Juez Claud Ger: nos encontramos en una situación muy complicada, ya sea por hechos históricos o por la ley. Empezaremos hablando de Roche: no ha hecho nada, pero es una gárgola humana, que en su forma plena se hace llamar Roche-Goyle. Ese monstruo es una amenaza para nosotros, teniendo en cuenta el daño que nos hicieron los de su especie hace bastantes años. Por otro lado, tenemos a un joven enamorado de Roche. ¿Su nombre es...?
Soldado 2: Alexander Roux.
Juez Claud Ger: exactamente. Sabemos que este joven ha incumplido una ley: marcharse del país sin informar al Palacio de Justicia, y sin permiso ni papeles de inmigración. Desde un punto de vista sentimental, el joven Alexander se ha burlado de la misma humanidad, prefiriendo enamorarse de nuestra enemiga que de una joven humana, como seria corriente.
Soldado 1: ¿qué debemos hacer?
Juez Claud Ger: encontrar a ese Alexander y condenarlo a la guillotina.
Soldado 3: ¿y como vamos a encontrarle?
Juez Claud Ger: buena pregunta, monsieur...
Claud se levantó de su silla y se paseó por la sala. Lanzó una mirada petrificante a los soldados y habló de nuevo.
Juez Claud Ger: hemos conseguido a alguien que podrá seguirle el paso a Alexander Roux. Tal vez la odien, pero es la única que nos puede ayudar.
Soldado 4: ¿la odien? ¿De verdad pretende que una mujer participe en esta misión?
Todos los soldados rieron al unísono, provocando la Ira del Juez Claud Ger, que gritó con fuerza...
Juez Claud Ger: ¡¡silencio!! Buena observación, soldado... Lástima que esté usted en lo incorrecto, pues no tratamos con una mujer humana.
El Juez anduvo hacia la puerta y la abrió, dejando a la vista a un ser de género femenino, que llevaba un largo abrigo de cuero.
Juez Claud Ger: monsieurs, es para mí todo un placer presentarles al ser que nos llevará hasta Alexander Roux, y por lo tanto, también hasta Roche, por muy mal que pueda sentarle a su hermana...
Soldado 1: ¿es... otra maldita roca esculpida de esas?
Juez Claud Ger: ¡Exacto! Con todos ustedes, Din, la gárgola adivina.
_______________________________________
UuUuUUuUuUuUuU! Din tiene una doble personalidaaadadadadadadad!
O eso os hago creer XD

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