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You'll have to let it go... - VIII

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You'll have to let it go... - VIII

Mensaje por SanctusDeiRequiem el Miér Jul 03, 2013 10:21 am

24 de diciembre / 10:56 am
Emilia iba caminando por las calles de su antiguo vecindario. Había pasado por la casa dónde vivían sus padres y su hermano para devolverles unos libros que le habían prestado. La visita duró poco.
De vuelta a casa, decidió pasar por el cementerio del vecindario, donde alguien a quien apenas había tenido la oportunidad de conocer había sido enterrado hacía ya dos años.
Liu Blalock, el hermano mayor de Jeff.
– Hola, Liu… – susurró la escritora. – Hacía bastante tiempo que no venía a visitarte. Realmente… han pasado tantas cosas desde el día del incidente…
– ¿Qué tipo de cosas, Emilia?
Emilia, asustada e impactada, dio media vuelta para ver quien la había contestado.
Jeff, por supuesto.
A la escritora no le alegró demasiado el hecho de haberse encontrado con él en un lugar como ese, de día…
– ¿Qué estás haciendo aquí? – preguntó ella.
– ¿Acaso no puedo visitar a mi hermano?
A Emilia le sorprendió el hecho de que esa respuesta hubiese salido de la boca de Jeff. Vio como el asesino se arrodillaba ante la lapida de Liu y escuchó como le susurraba algo a la gran pieza de mármol.
– No entiendo por qué hiciste tal cosa…
– Yo tampoco… Te lo ruego; no me lo recuerdes.
Emilia y Jeff se miraron a los ojos. Apenas se habían dado cuenta de lo cerca que estaban el uno del otro cuando una piedra se impactó contra la cabeza de Emilia. La escritora cayó al suelo, con una gran herida en el lado izquierdo de su cara.
– ¡Stones! – gritó el chico que le había lanzado la piedra. – Tú y yo tenemos asuntos pendientes.
Troy, uno de los peores enemigos de Jeff y Emilia, había reaparecido en busca de venganza. Se acercó a la chica de pelo negro y la agarró por el cuello de la camisa.
– Por tú culpa he estado entre rejas durante estos dos últimos años… – dijo Troy con una voz prácticamente inaudible.
– Tendría que haberte mandado al zoológico en lugar de denunciarte, hijo de puta… – respondió Emilia esbozando una sonrisa siniestra.
Jeff no pudo evitar sonreír ante aquella broma. Se acercó a Troy y le dio una patada en las costillas que le hizo caer al suelo y soltar a la escritora. Emilia se apartó del matón, arrastrándose como pudo, mientras Jeff lo levantaba agarrándolo por el pelo.
– ¡¿Jeff?! – gritó Troy al ver el rostro del asesino. – ¡Creí que habías muerto!
– Creíste mal, idiota. Aprende a meterte con quien te toca; yo soy tu enemigo.
Dicho esto, Jeff agarró la cabeza de Troy y le partió el cuello. El matón cayó al suelo inerte. Cabe destacar que ese fue un asesinato sencillo y limpio de sangre.
Emilia se levantó con dificultad, tambaleándose y aturdida por el golpe. La sangre brotaba abundantemente de la herida en su cabeza, y no podría seguir en pie por mucho tiempo más…
– Gracias, Jeff… – susurró ella.
Jeff no dijo nada. Esbozó una sonrisa más o menos decente y agarró a Emilia antes de que cayese al suelo, desmayada por la pérdida de sangre. Esa mañana, sería él quien la llevaría a casa.

4:19 pm
Emilia se despertó en su cama, todavía aturdida por el golpe. Fue corriendo hacia el baño y se miró la herida en el espejo; no era tanto como aparentaba, después de todo. Apenas recordaba algunas escenas de lo sucedido: la muerte de Troy, Jeff, la piedra, la lápida de Liu… No quiso seguir pensando en ello. Salió del cuarto de baño y se asomó a la ventana.
Jeff no estaba ahí…
Ahí no.
– ¡¡Emilia!!
La escritora gritó y dio media vuelta, asustada. Por segunda vez en un mismo día, Jeff la había asustado apareciendo por detrás de ella.
– Tenemos de dejar de encontrarnos así… – dijo Emilia aliviada. – ¿Por qué no te has ido todavía?
– ¿Acaso no tengo derecho a pasar un tiempo contigo? – preguntó Jeff, esbozando una sonrisa siniestra.
– No en mi casa. Y mucho menos mientras duermo. A saber que has estado haciendo estas últimas seis horas…
Emilia se sentó en la cama, algo mareada e incómoda.
– Esta habitación huele a Jeff… – susurró. – Apesta a sudor y sangre. Ve a ducharte antes de que me entren arcadas.
Jeff soltó una carcajada ante aquel comentario y corrió al cuarto de baño del piso de abajo.
El asesino tardó unos veinte minutos en asearse, antes de subir de nuevo al cuarto de Emilia. La chica de pelo negro estaba sentada en su escritorio, escribiendo en su portátil. Jeff se acercó a ella por detrás y le gastó la típica broma estúpida: tecleó el enter mientras ella estaba escribiendo. Emilia, fastidiada, levantó sus dedos del teclado y se lanzó sobre Jeff, haciéndole caer al suelo. Empezaron a hacerse cosquillas el uno al otro, como si hubiesen sido dos niños de cinco años. Ambos reían como locos. Emilia logró inmovilizar a Jeff, y ambos se miraron a los ojos por más de veinte segundos.
– Me rindo – dijo Jeff, rompiendo el silencio.
– No tenías otra opción, idiota – respondió Emilia entre carcajadas, mientras se incorporaba – Vamos, levántate.
Emilia le tendió la mano a Jeff para que se levantase del suelo, pero cuando Jeff ya estaba de pie, atrajo Emilia hacia sí y la besó. La escritora fue incapaz de reaccionar ante el impulso del asesino. Podía notar el sabor a sangre en sus labios y, para su sorpresa, esa sensación no le disgustó. Sin embargo, ese fue un beso corto de unos cinco segundos y medio. Emilia se separó de Jeff, impactada y extrañada, observando como el asesino se lamía los labios mientras decía:
– No sabes cuanto tiempo hace que quería hacer esto, preciosa.
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SanctusDeiRequiem
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