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You'll have to let it go... - X

Mensaje por SanctusDeiRequiem el Miér Jul 03, 2013 10:25 am

27 de diciembre / 2:14 am
Jeff observaba a Emilia mientras dormía en la cama del que una vez fue su cuarto. Esa habitación tampoco había cambiado nada en esos últimos dos años. Eso le hizo pensar que todo había sido un sueño, que su familia seguía viva, que nunca llegó a conocer a Randy…
Emilia se despertó por un momento miró al asesino.
– Jeff – susurró ella.
– ¿Qué quieres ahora?
– Deberías acostarte tú también. Lo necesitas.
Jeff se levantó de la silla en la que estaba sentado y se echó en la cama, junto a Emilia. El asesino acarició el rostro pálido de la escritora, antes de susurrarle:
– ¿Alguna vez te has sentido como si… como si supieses que no deberías hacer algo, pero… sabes que no puedes ayudarte a ti mismo?
– No te pongas sentimental, ¿quieres? Eso me da arcadas.
Emilia se abrazó a Jeff y suspiró. El asesino rompió a llorar sin motivo alguno ante la mirada fría de la escritora.
– ¿Te arrepientes? – preguntó Emilia.
– Sigo viendo a mis padres paseándose por esta maldita casa cada vez que pienso en lo que sucedió hace dos años. Una parte de mí se arrepiente, pero la otra no siente remordimiento alguno…
Jeff se secó las lágrimas y miró a Emilia de nuevo.
– Mátame, Emilia… – susurró Jeff, lleno de dolor.
La escritora golpeó a Jeff en a cara y en el estómago. Lo agarró por el pelo y lo miró a los ojos.
– ¡Idiota! – gritó Emilia con lágrimas en los ojos. – ¡No vuelvas a decir eso en tu puta vida!
Jeff tragó saliva, respirando con dificultad. Emilia estaba llena de ira y lloraba desconsoladamente. Únicamente la había visto de ese modo dos años atrás, tras la muerte de su familia.
– ¿Qué haría yo si estuvieses muerto, Jeff? Lo eres todo para mí, pero he tardado demasiado en hacértelo saber.
Emilia besó a Jeff y volvió a echarse mientras decía:
– Mañana será otro día, cariño. Go to sleep…

6:34 pm
Un agente de policía llamó a la puerta de Emilia. La escritora lo invitó a entrar disimulando su sentimiento de culpabilidad.
– ¿Se me permite saber cuál es el motivo de su visita? – preguntó ella.
– Keith Robinson fue apuñalado ayer por la noche. Encontramos sus huellas dactilares en los cuchillos que tenía clavados. ¿Puede explicarnos el por qué?
La escritora se vio obligada a mentir.
– Esto es algo que no le suelo contar a mucha gente, pero… Creo que usted ya sabe que Jeff era mi mejor amigo antes de… ya sabe. Suelo entrar en la casa de los Blalock, ahora que está abandonada, solo por nostalgia. Ayer encontré el cadáver de Keith, apuñalado. Intenté arrancar los cuchillos que tenía clavados en su cuello y espalda, pero ya era demasiado tarde.
– ¿Y qué me dice del tercer cuchillo junto al cadáver?
Emilia no respondió. No se vio capaz de inventarse ninguna excusa.
– ¿Admite su culpa, señorita Stones? Si tiene algo que decir al respeto, dígalo antes de que se arrepienta – le dijo el agente.
– Tengo una idea mejor: ¿por qué no se muere ahora mismo?
– ¿Disculpe?
– ¡Le he dicho que se muera!
De pronto, el agente de policía dejó de respirar y su corazón se detuvo de golpe. Emilia tenía su mirada clavada en él, intentando no perder la concentración en su segundo asesinato. El agente cayó al suelo, incapaz de seguir soportando el dolor. Fue un asesinato rápido, sin huellas dactilares esta vez.
Ese era el don de Emilia, el don de la palabra. Una sola frase era capaz de acabar con la vida de un ser humano. Con ese don en su poder, todo le resultaría mucho más fácil.
– No te quedes ahí mirando sin hacer nada y ayúdame a sacar a este tío de mi casa – dijo ella.
Jeff estaba en el cuarto de Emilia. Corrió hacia ella y miró al cadáver por un momento.
– Reconozco a este hombre – dijo Jeff. – Este es el hijo de puta que encarceló a Liu hace dos años.
Emilia no le escuchó. Simplemente envolvió el cadáver con una alfombra vieja y lo sacó de casa, ayudada por el asesino.

7:02 pm
Jeff y Emilia llegaron al vertedero que se encontraba en las afueras de la ciudad. Arrojaron el cuerpo del agente en una zona llena de muchos otros cadáveres, todos ellos víctimas de Jeff. El asesino se acercó a esa zona y le dio una patada a un cadáver que parecía más reciente que los demás. Jeff señaló ese cadáver y le preguntó a la escritora:
– ¿Lo reconoces?
– Troy – susurró impactada. – Es él, ¿verdad?
El asesino asintió y caminó hacia ella. Puso sus manos ensangrentadas sobre los hombros de Emilia y le susurró en el oído:
– Este es mi mundo, Emilia, y tú has entrado en él en el mejor momento posible.
– Solo espero que nadie se entere de esto…
– Nadie lo sabrá. Nadie excepto yo.
Tras esa aclaración, Jeff besó a Emilia. Estaba oscureciendo, y el Sol teñido de rojo iluminaba sus rostros. Esa era una situación romántica, pero a la vez bastante macabra. Emilia y Jeff separaron sus labios.
– Hemos empezado a escribir una historia juntos – dijo la escritora. – Supe desde un principio que esto pasaría, que los protagonistas de este relato seríamos nosotros… Pero jamás pensé que llegaríamos a protagonizar una historia de este tipo.
– Querrías que todo fuese diferente… ¿No es eso cierto?
– En absoluto. He llegado a la conclusión de que mi promesa se cumplió hace bastante tiempo, pero no como yo lo esperaba.
– ¿Qué quieres decir? – preguntó Jeff, intentando recordar.
– Estamos juntos, ¿no?
El asesino y la escritora dieron media vuelta y empezaron a recorrer el camino de vuelta. Emilia se abrazó al brazo de Jeff mientras arrastraba sus pies por el terreno irregular del vertedero.
Evidentemente, la joven escritora no sabía que las cosas entre ella y Jeff iban a cambiar muy pronto.

28 de diciembre / 4:47 am
Tras haber abandonado la casa de la escritora, el asesino se fue a una taberna de mala muerte. Jeff, con la capucha de su sudadera cubriendo su rostro, se limitaba a observar a la multitud, mientras echaba tragos de la botella de whiskey sobre la barra del bar. Escuchó el sonido de la puerta del bar abriéndose; un chico de pelo negro había entrado en la taberna y se acercaba lentamente a la barra.
– ¿Qué te traigo? – le preguntó el camarero al chico.
– Un vaso de sake japonés, por favor.
El camarero le ofreció la bebida al chico y se fue a atender a otro cliente. Jeff se fijó en aquel chico de pelo negro, que pronto se convertiría en su próxima víctima.
Jeff esperó a que el chico saliese del bar para poder ir tras él. Aprovechó su distracción para acorralarlo, dejándolo sin posibilidad de escapar. Sacó su cuchillo del bolsillo de la sudadera, observando el rostro atemorizado del joven. Le tapó la boca para evitar que gritara y levantó el arma…
– Go to sleep – susurró el asesino.
Tras esas palabras, Jeff le clavó el cuchillo en la garganta, haciendo que el chico se ahogase con su propia sangre.

7:23 am
El sonido del teléfono despertó a Emilia. La escritora se levantó de la cama y se dirigió tambaleando hacia el salón. Reconoció el número de sus padres en el marcador. No tenía ganas de hablar con ellos, pero pensó que si la habían llamado a esas horas era porque algo importante había sucedido.
– ¿Se puede saber que queréis ahora?
– Cariño, Adam está muerto – susurró Catherine.
A Emilia se le cortó la respiración tras haber oído la respuesta de su madre. Soltó el teléfono y se pegó la pared intentando no perder el equilibrio. La escritora se encontraba en estado de shock, y su tensión bajó hasta que no pudo seguir manteniéndose en pie y se desmayó.
Catherine, sin embargo, todavía seguía llamando a su hija por su nombre en el otro lado del teléfono…
– ¡Emilia! ¡Contéstame, cariño! ¡¿Qué está pasando?! ¡Emilia!
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