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You'll have to let it go... - XI

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You'll have to let it go... - XI

Mensaje por SanctusDeiRequiem el Miér Jul 03, 2013 10:26 am

11:05 pm
Emilia se despertó en una habitación blanca. Respiraba con dificultad y notaba un gran peso sobre ella: el peso de la tristeza y la decadencia. Sin embargo, no podía recordar nada de lo sucedido.
Pasó su mano por su cuello y notó un tubo travesando su garganta. Eso hizo que la escritora se diese cuenta de su situación; estaba en un hospital, le habían hecho una traqueotomía y había estado inconsciente durante prácticamente un día entero, o eso suponía.
Una enfermera entró por la puerta y miró a la escritora.
– ¿Ya se ha despertado? ¿Qué tal se encuentra?
– ¿Qué demonios me ha pasado? – susurró Emilia con una voz metálica.
– Perdió el conocimiento a causa de una bajada de tensión y sus pulmones dejaron de funcionar. Le hemos practicado una traqueotomía, por lo que le aconsejamos que no hable demasiado.
La puerta volvió a abrirse. Los padres de Emilia habían venido a visitarla. La enfermera se disculpó y salió de la habitación, dejando a la familia a solas.
– Cariño… – dijo Catherine. – Siento que haya pasado todo esto…
– ¿Adam… está…? – susurró Emilia.
– Sí… – respondió Jack, su padre. – Ojalá todo fuese diferente.
Emilia cerró los ojos e intentó no llorar. Afrontar la realidad era más difícil en la realidad que en sus libros. Adam, su hermano gemelo, estaba muerto.
– ¿Qué fue lo que le pasó? – preguntó Emilia.
– ¿Recuerdas a Jeff? – dijo Catherine.
Emilia asintió, atenta a la siguiente respuesta afirmación de su madre.
– Se han encontrado sus huellas dactilares en el cuchillo que Adam tenía clavado. Se cree que fue él quien lo asesinó.
Segunda desilusión: Jeff había matado a Adam.
Jeff era el culpable.
– ¿Podéis… marcharos? – susurró Emilia. – Necesito estar un rato sola.
– Claro, cariño – respondió Catherine.
– Te veremos luego, ¿sí? – dijo Jack.
Los padres de la escritora abandonaron la habitación. Emilia volvió a sentir aquella sensación entre odio y tristeza. Ahora era más fuerte que nunca.
La escritora se arrancó todos los tubos a los que estaba conectada, el de la traqueotomía incluido. Empezó a sangrar por el orificio de la garganta, pero no parecía importarle demasiado. Se vistió y salió por la ventana de su habitación con un objetivo fijo…
– Me las pagarás, Jeff…

29 de diciembre / 1:45 am
La ventana de la casa de Jeff estaba abierta, por lo que Emilia fue perfectamente capaz de infiltrarse en el edificio sin ser vista. La escritora caminó hacia el salón, y vio a Jeff echado en el sofá con una botella de vino tinto en sus manos.
– Supongo que estarás satisfecho… – dijo Emilia para llamar la atención del asesino.
Jeff se levantó rápidamente del sofá, extrañado y sorprendido, pero volvió a la calma cuando reconoció el rostro de Emilia.
– ¿Qué le ha pasado a tu voz? – preguntó Jeff.
– Me han hecho una traqueotomía. ¿Quieres saber el por qué?
Jeff asintió sin ser del todo consciente de la situación.
– Me han practicado esta maldita traqueotomía porque ayer por la mañana perdí el conocimiento y dejé de respirar, tras haber recibido la desagradable noticia de que mi hermano había sido asesinado – dijo Emilia.
La escritora se acercó se acercó a Jeff y lo agarró por el pelo.
– ¿Tengo que aclarar quién fue el asesino?
Jeff no pudo evitar reír ante la actitud de Emilia, pero esas carcajadas cesaron tras recibir una sonora bofetada por parte de la escritora.
Eso enfureció a Jeff.
El asesino de liberó de las manos de Emilia y la empujó contra la pared. Jeff se quitó la sudadera para deshacerse del molesto sudor.
– Te estoy salvando de ti misma y ni siquiera te has dado cuenta todavía... Que desperdicio… – susurró Jeff furioso, con sus ojos clavados a los de la escritora.
– ¿Eso implica destruir a toda mi familia?
– ¿Qué dirían ellos si te estuviesen viendo ahora? ¿Qué dirían si supiesen que tú también has matado a gente?
– ¡Idiota! ¿Crees que eso importa? ¡Me da completamente igual que se enteren! Además, tú no eres nadie para decir que yo voy matando a la gente por ahí. ¡Yo no soy como tu, Jeff!
Jeff abofeteó a Emilia tan rápido como la escritora pronunció su nombre. La joven bajó la cabeza y susurró:
– Ibas borracho, ¿verdad?
– Eso ya no importa… – susurró Jeff antes de besar a Emilia.
Tras separar sus labios, la escritora se dio cuenta de algo que le resultó terriblemente impactante. Agarró la muñeca del asesino para poder ver claramente lo que había en la parte inferior de su brazo: cortes y macas de agujas, desde la muñeca hasta el codo.
Emilia empujó a Jeff para liberarse de él y corrió hacia el estante. Empezó a abrir todos los cajones y armarios del mueble, buscando una respuesta a lo que acababa de presenciar. Encontró, en lo más profundo de uno de los cajones, una caja de plástico transparente llena de jeringuillas, agujas y morfina, además de varias cuchillas manchadas con la sangre de Jeff. Emilia giró la cabeza hacia Jeff, que estaba sentado en el suelo, avergonzado y sin palabras.
– ¡¿Cómo he podido ser tan estúpida?¡ – gritó Emilia llena de furia. – ¡Estás loco!
– Todos lo estamos. Tú también, preciosa.
Emilia no quería seguir escuchando a Jeff. Corrió hacia la ventana y la abrió, pero antes de que pudiese salir, Jeff la agarró por el cuello para evitar que escapase.
– ¿Qué se supone que vas a hacer ahora? – preguntó Jeff con un tono de voz amenazante.
– ¡Suéltame! –gritó la escritora con la voz extremadamente ronca.
– ¡Oblígame!
Emilia se vio obligada a usar su don una vez más. Sus ojos se abrieron como platos y su voz sonó como un trueno.
– ¡Te he dicho que me sueltes, idiota!
Una fuerza extraña y desconocida obligó a Jeff a alejarse de la escritora en contra de su propia voluntad. Emilia salió por la ventana y corrió hacia su casa.
Sabía lo que tenia que hacer, y era consciente de que, una vez lo hiciese, ya no habría vuelta atrás.

5:35 pm
Jeff se despertó de su siesta al oír ruidos provenientes del piso de abajo. Corrió escaleras abajo para ver que era lo que provocaba esos extraños sonidos. Se encontró con una desagradable sorpresa cuando abrió la puerta de la sala principal.
Agentes de policía. Decenas de ellos.
Dentro de su casa.
Uno de ellos le disparó un dardo tranquilizante al asesino antes de que le diese tiempo a atacar. Jeff perdió el conocimiento ahí mismo.
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