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You'll have to let it go... - V

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You'll have to let it go... - V

Mensaje por SanctusDeiRequiem el Miér Jul 03, 2013 10:16 am

29 de septiembre / 4:16pm
Jeff no sabía si realmente se había despertado, pues seguía viéndolo todo negro. No tardó demasiado en ver que eso se debía a que llevaba toda la cara enyesada. Estaba en un hospital. No podía ver nada de nada, sin embargo, sintió otro yeso sobre su hombro y puntos en todo el cuerpo. Trató de levantarse, pero se dio cuenta que tenía un tubo en su brazo, y cuando se movió, este se cayó. Una enfermera se apresuró a ayudarle.
– No creo que puedas levantarte todavía – dijo ella, mientras le colocaba de nuevo el tubo.
Tras varias horas sin hacer nada ni ver nada, escuchó la voz de su madre.
– ¡Cariño! ¿Estás bien?
Jeff no podía responder, pues su rostro estaba totalmente cubierto. Además, cada vez que intentaba gesticular sentía un horrible dolor.
– Tengo una gran noticia – dijo Margaret. – Emilia fue a hablar con los agentes de policía y les contó sucedido. Esos chicos que te atacaron ahora están en prisión. Pero eso no es todo; Emilia logró convencer a los agentes para que dejaran a Liu en libertad. Mañana estará aquí, con nosotros. Pronto todo volverá a ser como antes, Jeff.
Dicho esto, Margaret se marchó.
Jeff le estaba inmensamente agradecido a Emilia. El hecho de saber que ella había puesto las cosas en su lugar le hizo sentir tan feliz que, por un momento, dejó de sentir dolor.

5 de octubre / 10:09 am
A Jeff la habían cambiado el yeso que cubría su rostro. Ahora era capaz de hablar, pero seguía sintiendo dolor cada vez que abría la boca. Ese mismo día, Emilia fue a visitarle por primera vez.
– Jeff... – dijo ella. – Soy yo, Emilia. ¿Cómo estás?
Jeff no contestó, pero Emilia ya sabía que estaba mal. Se sentó en la cama junto a Jeff y miró su rostro enyesado.
– Emilia... – dijo Jeff con un hilo de voz.
– ¿Sí?
– Gracias...
– No me las des.
Hubo una larga e incómoda pausa tras esas palabras. Emilia miró a su alrededor y volvió a hablar:
– Tenías razón, Jeff; el tiempo lo pone todo en su lugar. Dudo que esos imbéciles vuelvan a molestarnos de ahora en adelante. Aun así, encuentro injusto que tengas que pasar por esto.
– He matado a Randy, Emilia. Me lo merezco. No todo podía ir a nuestro favor después de todo... Me lo merezco sin duda – susurró Jeff.
– Ahora mismo te abofetearía, ¿sabes?
– No hay nadie que te lo impida.
Emilia estuvo a punto de golpearle, pero no lo hizo. Intentó calmarse y puso su mano sobre la de Jeff.
– Te doy mi palabra de que todo volverá a ser como antes, Jeff. Lo juro.
– No seas ingenua... – susurró Jeff. – Acércate más, quiero decirte algo.
Emilia acercó su oído a Jeff. Oyó un susurro, pero no pudo entender demasiado bien lo que le había dicho.
– Emilia, yo te quiero...
– Jeff, no te he entendido.
– No importa – respondió Jeff, casi entre lloros. – Márchate, por favor.
– Pero si yo...
– ¡Vete! – dijo Jeff, gritando más de lo que su estado le permitía.
Ofendida y decepcionada, Emilia sabía que no le quedaba nada más por decir. Se limitó a salir de la habitación blanca sin ni siquiera despedirse de Jeff.
Esa fue, además de la primera, la última vez que Emilia visitó a Jeff durante su estancia en el hospital.

22 de noviembre / 6:52 pm
Al fin había llegado el día en que sus vendas iban a ser removidas. Su familia estaba ahí para contemplar el nuevo rostro de Jeff. Sentados junto la camilla, esperaron a que el último vendaje de su rostro fuese desprendido.
– Crucemos los dedos – dijo el doctor, algo nervioso.
Cuando tiró de la última venda, dejando expuesto el rostro de Jeff, su madre no pudo evitar gritar horrorizada. Jeff notó los rostros atemorizados de Peter y Liu.
– ¿Qué? ¿Qué demonios me pasa en la cara? – gritó Jeff nervioso.
Se levantó de la cama y fue corriendo hacia el baño para mirarse en el espejo. Vio cual era la causa de la angustia...
Su rostro era horrible.
Sus ojos se habían quemado y eran de un azul semitransparente. La piel de todo su cuerpo se había vuelto completamente blanca, y su pelo castaño se había quemado por completo; ahora era negro como el carbón. Lentamente Jeff fue deslizando su mano por su rostro y notó un tacto similar al del cuero.
– Jeff... – dijo Liu. – Tampoco está tan mal...
– ¿Qué no está mal, dices? ¡Es perfecto! ¡Este rostro combina a la perfección conmigo!
Jeff empezó a reír incontrolablemente. Liu notó que sus manos temblaban
– Esto... Jeff.... ¿Estás bien? – dijo Liu extrañado y asustado.
– ¿Qué si estoy bien? ¡Nunca me había sentido mejor!
No podía dejar de reír. Se acarició su rostro una y otra vez frente al espejo. Su comportamiento no era normal, eso estaba claro. ¿Pero por qué se comportaba así?
Jeff, definitivamente, se había vuelto loco.
– Doctor... – dijo Margaret, la madre de Jeff, asustada. – ¿Está bien mi hijo... ya sabe... en la cabeza?
– No se preocupe, Sra. Blalock. Este comportamiento es normal en todos los pacientes que han tomado una alta dosis de calmantes para el dolor. Si su comportamiento no varía en pocas semanas, tráigalo aquí para que podamos hacerle un examen psicológico.
– Gracias, doctor.
Sin embargo, Margaret seguía intranquila. Entró en el baño y le dijo a su hijo:
– Jeff, cariño, es hora de irse.
Pero Jeff no podía separarse del espejo. Margaret lo agarró por el hombro y lo sacó a la fuerza. Lo llevó de nuevo a la habitación, donde le esperaba la enfermera con la ropa de Jeff.
– Esto era lo que traía – dijo ella.
La enfermera le había cosido y lavado la ropa. Ahora estaba como nueva. Jeff se vistió rápidamente antes de abandonar la habitación. Mientras salía del hospital, Jeff se topó con un espejo y se miró en él por unos segundos. Su mente volvió a enderezarse por un momento y entonces se preguntó a sí mismo:
– ¿Qué me está pasando?
Pero por desgracia, la locura es malvada, y siempre toma el control de la mente de los débiles, haciéndolos más fuertes. Ese momento de cordura no duró mucho. Jeff y su familia salieron del hospital.
Apenas había salido del edificio cuando, sin saber de dónde había venido o como había llegado hasta ahí, Emilia corrió hacia él y lo abrazó con ternura. La joven escritora estaba emocionada, se alegró de verle, pero su expresión cambió cuando vio su rostro. No pudo evitar asustarse. Jeff apartó la cabeza, pero Emilia puso su mano sobre su mejilla y le miró a los ojos.
– Te he hecho una promesa, Jeff – dijo Emilia. – Todo volverá a ser como antes.
– Puede que para ti sí, pero para mí no.
– No seas idiota.
Emilia le dio a Jeff un beso fugaz en la mejilla y se marchó corriendo sin decir nada más.
– Esa chica me da escalofríos... – dijo Margaret.
– La adoro... – susurró Jeff, esbozando una sonrisa loca en su rostro
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Bestia Mitica
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