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You'll have to let it go... - VII

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You'll have to let it go... - VII

Mensaje por SanctusDeiRequiem el Miér Jul 03, 2013 10:20 am

Diario de Emilia
22 de diciembre

Llevo dos años así.
No me gusta nada.
Estoy harta.
Estoy cansada.
Intenté afrontarlo, pero…
Nunca más, Jeff, lo juro, nunca más voy a volver a jurar por algo que, después de todo, nunca podrá hacerse realidad. Han pasado ya dos años, y he estado viviendo como un alma en pena, por el simple hecho de que aquel quien una vez fue mi mejor amigo es ahora un monstruo. Cada vez que te veo, siento que todo se va a la mierda, que el mundo se hace pequeño y me cuesta respirar.
Ya nada volverá a ser igual, y no hay posibilidad alguna de que todo vuelva a ser como antes. Tú has elegido este camino.
Jeff Blalock, ¿en qué te has convertido?

Emilia cerró el cuaderno y miró por la ventana. Ahí estaba, Jeff, como cada noche, mirándola con sus ojos penetrantes y su sonrisa diabólica. El asesino había tomado la costumbre de observar a Emilia desde el tejado del edificio que se encontraba en frente de la casa a la que la joven escritora se había mudado. Emilia, como siempre, se limitó a asomarse por la ventana y miró a Jeff con sus ojos negros.
– ¿No te cansas de estar ahí arriba sin hacer nada? – preguntó Emilia.
– No, la verdad es que no.
Jeff y Emilia se miraron durante un buen rato, como hacían siempre, hasta que la escritora desvió la cabeza. Al ver que Emilia estaba a punto de cerrar la ventana, Jeff le dijo:
– Go to sleep.
– ¿Vas a intentar matarme si me duermo?
– Sabes que soy incapaz de hacerte daño, preciosa – dijo Jeff. – ¿Acaso has olvidado lo que te dije en el hospital?
– No logré entenderte…
Jeff se sintió decepcionado esa respuesta. Emilia se limitó a observar esa expresión de impacto y tristeza en su rostro mientras cerraba la ventana. Apagó las luces y encendió su portátil. Pasó el resto de la noche escribiendo.



23 de diciembre / 11:42 pm
Emilia se asomó a la ventana de su cuarto, y vio a Jeff sobre el tejado de la casa de en frente, como cada noche, mirándola con su rostro desgarrado.
– ¡Salta! – gritó Jeff.
– ¿Estás loco?
– Todos lo estamos.
Maldita sea. Otra escena del pasado había sido recuperada de nuevo. Eso le rompía las entrañas a Emilia.
Saltó de su ventana al tejado con gran habilidad y se sentó junto a Jeff. El asesino la miró disimuladamente. Sus manos empezaron a temblar, y por un momento quiso sacar el cuchillo de su sudadera y matar a la escritora, pero por algún motivo que desconocía, su subconsciente se lo impedía. Emilia miró a Jeff fijamente, haciendo que el asesino se sintiese mal por un momento.
– ¿Por qué demonios…? – balbuceó Jeff, nervioso. – ¿Por qué soy incapaz de matarte?
– ¿Por qué quieres matarme? – respondió Emilia, sin perder la calma.
– No quiero matarte, pero a la vez sí quiero.
– ¿No te das asco a ti mismo?
– Sí, pero…ya es demasiado tarde para… arrepentirme de todo lo que he hecho.
Emilia suspiró. Sintió algo de lástima por Jeff, pero había aprendido a parecer un ser sin sentimientos cuando estaba cerca de él. Emilia sonrió por un momento y retomó el hilo de la conversa.
– ¿Te acuerdas de la primera vez que intentaste asesinarme? ¿Recuerdas el ridículo que hiciste?

Hace dos años, tras haber matado a su familia entera, Jeff entró en el cuarto de Emilia para matarla. La escritora, por supuesto, se había quedado despierta escribiendo en su portátil, y ya se había dado cuenta de lo que había sucedido en la casa de los Blalock aquella noche; lo había podido ver todo desde la ventana de su cuarto. Al principio se asustó al ver a Jeff con su rostro desgarrado, corriendo hacia ella con un cuchillo, pero cuando la acorraló y levantó su cuchillo para clavárselo, algo se lo impidió. Emilia se dio cuenta, entonces de que Jeff no sería capaz de matarla jamás, por mucho que se empeñase en ello.
– ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué no puedo matarte?! – gritó Jeff, con lágrimas en los ojos.
– ¿Por qué estás haciendo esto? – preguntó Emilia, llorando también.
Jeff dejo caer su cuchillo al suelo y se abrazó a Emilia, manchando su ropa de sangre. Emilia no sintió odio; sintió lástima por Jeff.
– ¿En qué te has convertido, Jeff?¿Qué demonios ha sucedido con el Jeff que yo conocía? ¡¿Me estás escuchando, idiota?!
– ¡Es imposible no escucharte! – gritó Jeff. – ¿Pero por qué…? ¿Qué demonios…? ¿Por qué no puedo matarte?
En aquel momento, Emilia perdió la cabeza. Empujó a Jeff y lo abofeteó. El asesino fue incapaz de reaccionar ante el impulso de la escritora. Emilia agarró a Jeff por el cuello de la sudadera con una fuerza sobrenatural.
– ¡Lárgate, Jeff! ¡No vuelvas a pisar esta maldita casa en tu puta vida! ¿Te ha quedado claro?

– Y sin embargo, el tiempo pasa… Y aquí estamos – susurró Emilia.
Jeff no respondió. Se limitó a mirar a la escritora a los ojos, escuchando todas y cada una de las palabras que salían de su boca.
– ¿Qué fue entonces lo que me dijiste en hospital? – preguntó Emilia, solo por curiosidad.
– ¿De verdad importa eso ahora?
– Sí, a mí me importa. Te comportaste de un modo muy raro, y quiero saber el por qué.
– La situación lo exigía. Estaba harto de todo.
– ¿Harto de mí?
– Harto de no ser lo suficientemente bueno para ti.
– ¿Qué quieres decir, Jeff?
Jeff se puso de pie, y contempló el vecindario desde el tejado. Giró la cabeza rápidamente hacia Emilia y respondió a su pregunta.
– Cada vez que nos sentamos juntos en este tejado y me preguntas qué tal estoy, me veo obligado a contestarte que estoy bien, pero… No, Emilia, no estoy bien. No hay nada en este maldito mundo que pueda darme la más mínima alegría, y mi mundo entero, Emilia… Mi mundo… Yo…
Jeff se rascó la cabeza, nervioso y con lágrimas en los ojos. Emilia pensó por un momento que le echaría la culpa por algo, o que diría algo en su contra, pero…
– ¡Joder! ¡Te quiero, Emilia! ¡Eso fue lo que te dije! ¡Si reaccioné de aquella forma en el hospital fue porque pensé que era una carga para ti, que querrías deshacerte de mí! ¡Ese es el motivo por el cual nunca seré capaz de matarte! ¿No era evidente, Emilia?
La escritora miró a Jeff sorprendida. En parte se esperaba esa respuesta, pero por otro lado pensó que alguien con la mente tan insana como Jeff, nunca habría sido capaz de decir tal cosa.
– Jeff… – susurró ella. – Tengo que irme. Buenas noches.
– Go to sleep, Emilia.
– Go to sleep, Jeff.
Esa frase que Jeff había hecho tan suya se había convertido en una especie de saludo entre ellos. Emilia se deslizó por el lado inclinado del tejado y bajó. Entró en su casa tan rápido como pudo y subió a su cuarto, cerrando todas las ventanas para evitar ser vista por Jeff. Se echó en la cama, esperando que a la mañana siguiente ya se hubiese olvidado de lo que Jeff le había confesado.
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SanctusDeiRequiem
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